Holocausto/s (2)

h1 Escrito el 21-11-2007 por dosmanzanas

La columna de dosmanzanas“Como nacionalsocialistas, (…) en nuestro juicio sobre la homosexualidad –un síntoma de degeneración racial destructiva para nuestra raza– hemos vuelto al principio nórdico de que los degenerados deben ser exterminados. Alemania se levantará o caerá según la pureza de su raza.” “Debemos exterminar a esta gente de raíz… el homosexual debe ser eliminado.” Son frases de Heinrich Himmler, el siniestro Reichsführer-SS (jefe de las SS) e íntimo y servil colaborador de Hitler. Como vemos, el discurso de los nazis en referencia al colectivo homosexual no sonaba muy distinto del que usaban en relación con la minoría judía: ambos grupos eran presentados por la propaganda del Tercer Reich como seres “degenerados” que constituían sendas amenazas para el futuro de la “raza superior”; amenazas que, y esto no había pudor alguno en dejarlo meridianamente claro, debían ser aniquiladas por cualquier medio. Y no se trataba, en ninguno de los dos casos, tan sólo de palabras: en cuanto a los gais, el propio Himmler lo demostró (como señala el pensador Javier Ugarte) cuando en 1938 dio orden de trasladar a campos de concentración a todos los hombres condenados por “crímenes” homosexuales. La mayoría de estos hombres hallarían la muerte en dichos campos, víctimas de un trato particularmente cruel y brutal por parte de sus guardianes… e incluso de sus propios compañeros de encierro.

Basta, sin embargo, una ojeada a las cifras de víctimas de la estrella amarilla (los judíos) y del triángulo rosa (los hombres homosexuales) para que salten a la vista las diferencias en cuanto al tratamiento que unos y otros hubieron de padecer durante el Tercer Reich. Por un lado, tenemos cinco o seis millones de judíos asesinados (incluyendo entre uno y dos millones de niños), lo que supone dos tercios de todos los judíos de Europa y un tercio de los del mundo en aquel momento. Por otro lado, de los arrestados por su homosexualidad durante el nazismo (unos 100.000), se calcula que entre 5.000 y 15.000 fueron internados en campos de concentración, y de éstos, alrededor del 60% perecieron en ellos. En ambos casos son cifras monstruosas, pues estamos hablando de personas inocentes que fueron asesinadas tan sólo a causa del odio que les profesaban sus verdugos; pero no podemos ignorar la distancia tan enorme que existe entre unas y otras cantidades. ¿Cómo explicar, pues, esta distancia?

Hay, en primer lugar, un hecho obvio: mientras que en las sociedades cristianas los judíos habían sido tradicionalmente muy visibles –en algunas épocas y en algunos lugares se les había obligado incluso a portar bien a la vista algun elemento distintivo, idea que luego recuperaron los nazis–, a los homosexuales en cambio se les había empujado durante siglos a ocultarse, a volverse invisibles haciéndose pasar por “normales”, esto es, por heterosexuales. Y si bien en Berlín podemos encontrar durante la República de Weimar una incipiente visibilidad homosexual, la presión de los prejuicios sociales e incluso de la legalidad vigente aseguraba que lo que asomase no fuese más que la punta del iceberg en relación con la totalidad de la población alemana que compartía esta orientación; la mayor parte de los gais y las lesbianas seguían, pues, sumergidos en las oscuras aguas de las convenciones de una sociedad que, a fin de cuentas, prefería no tener que ver a los “invertidos”… ni aunque los tuviera delante de las narices. Así pues, la invisibilidad de la gran mayoría de los homosexuales, aun siendo un instrumento de opresión, les permitió esquivar una persecución especialmente despiadada y atroz durante el Tercer Reich.

En segundo lugar, la propia actitud de los jerarcas nazis ante los homosexuales era más ambigua que en el caso de los judíos. Y no me refiero principalmente, al escribir esto, al célebre caso de Ernst Röhm y algún otro líder de las SA nazis. Si bien es cierto que Hitler aceptó hacer la vista gorda sobre la homosexualidad de estos dirigentes durante un tiempo –esto es, mientras necesitó contar con ellos para alcanzar y consolidar su poder–, tan sólo año y medio después de llegar a la Cancillería el dictador usó esa misma homosexualidad que hasta entonces había estado ignorando deliberadamente para justificar, junto con la acusación de haberlo traicionado, su orden de asesinar sin más trámite a Röhm y sus colaboradores. En todo caso, importa señalar que, más allá de cuestiones internas, el posicionamiento público del partido de Hitler, el NSDAP, fue siempre virulentamente homofóbico. Ya en 1928, ante un intento por parte de las organizaciones “homófilas” de hacer que fuese abolida la legislación antihomosexual, el NSDAP declaró: “Cualquiera que crea en el amor homosexual es enemigo nuestro (…) El pueblo alemán debe aprender de nuevo a practicar la disciplina. Por eso rechazamos cualquier forma de lascivia, especialmente la homosexualidad”. No es extraño pues que una de las primeras cosas que hicieran los nazis en cuanto llegaron, a principios de 1933, al Gobierno de Alemania fuese cerrar, atacar y destruir los lugares de encuentro y las organizaciones homosexuales. Ni puede sorprendernos tampoco que un par de años más tarde endureciesen considerablemente el párrafo 175 del Código penal bismarckiano (que castigaba la “fornicación contra natura” entre hombres), de modo que a partir de ese momento no sólo fuera posible imponer penas mucho más severas a los condenados en aplicación de dicha norma, sino que además pudiera castigarse todo comportamiento que se interpretase como homosexual, aun sin que se hubiera producido contacto físico alguno entre los implicados: ello permitió multiplicar por diez el número de condenas anuales por este concepto.

Pero por otro lado, hoy vemos que palabras como “eliminación” o “exterminio” significaron generalmente, para los nazis, cosas distintas en referencia a los judíos o a los homosexuales. Mientras que (especialmente tras la Conferencia de Wannsee de enero de 1942, en la que se planificó “la solución final al problema judío”) estos términos aludían a la eliminación física, esto es, al asesinato, de todo individuo judío que cayese en sus manos –con independencia de su edad, sexo o cualquier otra condición–, por lo que respecta a los llamados “invertidos” parece que los nazis preferían, por regla general, “eliminar al homosexual” mediante su (pretendida) heterosexualización forzosa. Eso sí: aquellos gais que, por la razón que fuese, los nazis consideraban que no era posible “curar” sí eran destinados a la muerte, bien mediante un programa de “exterminio a través del trabajo” –esto es, forzándolos a realizar labores peligrosas y agotadoras, y provocando accidentes, hasta acabar con ellos–, bien de otros modos. Podemos deducir que desde el punto de vista nazi no debía “echarse a perder” sin más un material humano que, en el fondo, era ario, y por lo tanto podía quizá ser aprovechado, si llegaba a “curarse”, para la reproducción de la raza o como carne de cañón en el ejército. Sin embargo, los mismos nazis –que nunca destacaron por su coherencia– temían al mismo tiempo que existiese un “gen homosexual” que pudiese transmitirse a las generaciones futuras, “contaminándolas” y “degradándolas”. Dicho temor les llevó a practicar experimentos médicos, con consecuencias mortales en algunos casos, con los prisioneros del triángulo rosa, en busca de dicho gen. Y la misma idea se adivina tras el plan que parece ser que existía en 1944 para la castración de todos los homosexuales (en esa fecha, centenares de hombres gais habían sido castrados ya por el Estado nazi): cabe suponer que con ello el régimen pretendería combatir, por un lado, la posibilidad de que jóvenes “normales” de la “raza superior” fuesen “pervertidos” por los gais, y por otro, que el temido gen homosexual pudiera transmitirse a las generaciones futuras.

Aunque ello no sea, como es obvio, más que un ejercicio especulativo, podemos preguntarnos qué hubiera ocurrido si la derrota de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial no hubiese puesto fin al poder de Hitler y sus secuaces. De haberse llevado a cabo el mencionado plan de castración de todos los “invertidos”, es probable que los individuos así mutilados hubiesen sido considerados definitivamente como inútiles y no aprovechables. En la sociedad nazi, sin embargo, no había lugar para los seres “inútiles”: éstos, a quienes el régimen veía como “vida indigna de vivir”, eran a menudo simplemente eliminados, como había ocurrido con los disminuidos físicos o psíquicos entre 1939 y 1941, durante la campaña –considerada hoy como un paso crucial hacia el Holocausto– llamada “Aktion T-4″. Produce verdaderos escalofríos imaginar una Europa de Hitler consolidada y duradera, y pensar en todos los “problemas” para los que el poder nazi habría podido, en esas circunstancias, implementar una “solución final”… todo con el noble fin, por supuesto, de perfeccionar la especie humana. De la cual es obvio que no formarían parte aquellos individuos que no mereciesen seguir viviendo, según el único criterio válido: el de los jerarcas del Reich milenario.

Nemo

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29 comentarios en “Holocausto/s (2)”

  1. Seguro que más de una vez habeis leído a una MaryFascista decir eso de que los “nazis eran socialistas”. Una mentira más de las 6 trolas que copian y pegan constantemente puestas en común en la caverna.

    Harto ya de leerles inventarse la Historia, en concreto eso de que “Durante la república aprobaron una ley de vagos y maleantes para perseguir homosexuales, Franco no la cambió”

    Es mentira. Y he encontrado en la web del BOE el escaneo de la Ley Original.

    Enlace a las 4 páginas de la ley:
    {link}

    Enlace a la página donde se define a qué se consideraba “peligrosidad social” (la primera de las 4 paginas)

    http://www.boe.es/datos/imagenes/BOE/1933/217/A00875.tif

    Una mentira más de La Caverna desmontada.

    La ley del mismo nombre de la 2ª República publicada el 5/8/1933 no incluía a los homosexuales, .

    Tuvo una ampliación en 1.954. Franco añadió el artículo que permitía aplicarsela a alguien por el simple hecho de ser homosexual . La cambió más tarde por la Ley 16/1970 de Peligrosidad y Rehabilitación Social .El 26 de diciembre de 1978 se excluye a los homosexuales de esta última.


  2. Genial, Nemo. Fascinante.


  3. Lo único que consuela es que, a pesar de los intentos de exterminio, para acabar con los homosexuales habrá que acabar con los heterosexuales.

    Gracias, Nemo.


  4. Como siempre esclarecedor. Y que oportuno. Cristina tiene que estar pensándoselo dos veces :D


  5. Gracias a vosotros por vuestra amabilidad.

    Jack: ¿puedes explicar un poco más eso que dices de que “para acabar con los homosexuales habrá que acabar con los heterosexuales”?

    Odysseus: ¿qué es lo que Cristina (Schlichting, imagino) “tiene que estar pensándose dos veces”?


  6. Facilísimo: mientras haya heterosexuales que tengan hijos habrá homosexuales. No es como los judíos: si exterminasen al último se acabó.

    Vamos, que para acabar con nosotros tendrán que acabar con la raza humana. ;)


  7. Es cierto, Jack, o por lo menos lo era en tiempos de los nazis, y lo sigue siendo hoy en día. Lo que no sé es si seguirá siendo cierto pasado mañana. Si hubiera un componente genético en la homosexualidad -no estoy diciendo que lo haya, lo comento sólo como hipótesis- y éste fuera conocido, nada impediría a un Hitler del futuro -¿y quién puede asegurarnos que no habrá nuevos hitlers en el futuro?- exterminar o castrar a todos los portadores de dicho gen. Desgraciadamente, la idea nazi de “perfeccionar la especie humana” eliminando su diversidad, uniformizándola, se va haciendo cada día más factible gracias a los progresos de la ciencia genética. Por eso mismo creo que es cada vez más necesario aprender las lecciones de la historia para no repetirla. Debemos comprender bien el fenómeno del nazismo para evitar que algo parecido pueda arraigar de nuevo en nuestras sociedades.


  8. Lo de afirmar que esto es una enfermedad. La hermana directamente con el nacionalsocialismo (entre otros) ….


  9. Pues sí, Odysseus, los nazis también estaban empeñados en “curar” a los homosexuales… sin escatimar esfuerzos, usando todos los medios que fuesen necesarios para ello. Eso sí: como en el caso de los homófobos de hoy en día, todo lo hacían por puro altruismo y filantropía, naturalmente. Y es que no hay como ampararse en “los más nobles ideales” para rebajarse a la práctica de las más abominables vilezas.


  10. Por cierto, que aquí viene a colación recordar la biografía de un personaje que “la oveja rosa de BBM” mencionó ya la semana pasada en sus comentarios a la primera parte de “Holocausto/s”: el nazi danés Carl Værnet, que se puede decir que dedicó su vida “al noble fin de curar la homosexualidad”. Cito algunos fragmentos de la entrada que le dedica la Wikipedia en castellano:

    “Carl Peder Værnet fue un mayor de las SS y médico en el campo de concentración de Buchenwald. Experimentó extensamente con hormonas y otros posibles remedios para «curar» la homosexualidad, de cuyas consecuencias morirían por lo menos 13 presos en las semanas sucesivas al tratamiento. Sus investigaciones estaban bajo la autoridad del jefe de la Gestapo, Heinrich Himmler.”

    Ya antes de la Segunda Guerra Mundial, Vaernet había experimentado con animales con el fin de “curar” la homosexualidad. Pero el Tercer Reich puso a su entera disposición a seres humanos, prisioneros en los campos de concentración:

    “Una larga carta enviada el 30 de octubre de 1944 por Vaernet al comandante del servicio médico de las SS Grawitz comenta, entre otras cosas: ‘Las operaciones en Weimar-Buchenwald han sido efectuadas el 13 de septiembre de 1944 a cinco prisioneros homosexuales. De estos, dos han sido castrados, uno esterilizado y dos tratados. A todos les ha sido implantada la glándula sexual especial [un artefacto inventado por Vaernet] masculina.’

    De este primer grupo, dos internos murieron de complicaciones postoperatorias. Casi todos, por lo menos 13 y quizás 15, murieron en las semanas siguientes a la intervención. El 8 de diciembre de 1944 siguieron otros experimentos sobre otros 13 presos. Esta vez, muchos morirían sucesivamente de complicaciones postoperatorias.”

    Apresado por los aliados al final de la Guerra, parecía que Vaernet iba a ser juzgado, como le correspondía, como criminal de guerra nazi…

    “Sin embargo, durante su prisión, Vaernet consigue interesar a las autoridades danesas y británicas por sus teorías hormonales para la «cura» de la homosexualidad. Parece ser que durante esta época, a pesar de estar preso, entra en contacto con la compañía farmacéutica anglo-estadounidense Parke, Davis & Comp. Ltd., London & Detroit y con el coloso químico norteamericano Du Pont, interesada en la adquisición de su patente.

    En noviembre de 1945 es liberado del campo de prisioneros a causa de una presunta mala salud y obtiene de las autoridades danesas un salvoconducto para ir a curarse a Suecia, desde donde huye a Argentina. (…) En los años sucesivos, Vaernet abrió en Buenos Aires una consulta médica, continuando su colaboración con las autoridades argentinas en proyectos relativos a la «cura de la homosexualidad». El neurocirujano Kjeld Vaernet, hijo de Carl, colaboró en la década de 1950 con Walter Freeman en una serie de «curas hormonales» para la «cura» de la homosexualidad (con unos 4.000 pacientes tratados) y seguidamente estudió la posibilidad de lobotomización de los homosexuales.

    Vaernet murió sin castigo el 25 de noviembre de 1965 a causa de una enfermedad febril desconocida, a pesar de que las autoridades danesas fueran conscientes tanto de sus experimentos criminales como de su residencia argentina.”

    Ayer por la tarde un individuo lleno de prejuicios homofóbicos pretendía reñirnos aquí en DM a los gais y las lesbianas por indignarnos caundo se decía que estábamos enfermos. La historia de los “pacientes” de Vaernet creo que es la más terrible advertencia sobre lo que puede ocurrir cuando se trata como enfermo a alguien que, en realidad, está perfectamente sano… a diferencia, probablemente, de su “filantrópico” aspirante a sanador.


  11. La persecución del régimen nazi contra los homosexuales comenzó ya en 1.933, hay abundante documentación sobre el tema en el Museo del Holocausto de Washington:

    http://www.ushmm.org/museum/exhibit/online/hsx/

    El Instituto del médico y activista Magnus Hirschfeld fue saqueado y destruido por los nazis en 1.933:

    http://www2.hu-berlin.de/sexology/GESUND/ARCHIV/SPANISCH/COLLMH.HTM

    http://www2.hu-berlin.de/sexology/GESUND/ARCHIV/SPANISCH/SHC.HTM


  12. Gracias por los enlaces, Armel. En el texto ya comento que la persecución de los homosexuales empezó tan pronto como Hitler llegó (aupado por la derecha conservadora política y económica de Alemania) a la Cancillería de la República, a finales de enero de 1933. Pero, por falta de espacio, no me extiendo en comentar la destrucción del Instituto de Investigación Sexual (Institut für Sexualwissenschaft) de Hans Magnus Hirschfeld, una de las principales entidades “homófilas” (hoy diríamos pro derechos LGTB) que existían en aquel tiempo no sólo en Alemania, sino en el mundo entero.

    Los nazis destrozaron las instalaciones del Instituto y quemaron en una gran hoguera su espléndida biblioteca de más de 20.000 libros y revistas, junto con unas 5.000 imágenes. El principal administrador del Instituto fue encerrado en un campo de concentración; el fundador de la institución, Hans Magnus Hirschfeld (que era especialmente odiado por los nazis por el hecho de ser, además, judío), se salvó por encontrarse entonces casualmente en el extranjero.

    Ciertamente, la homofobia de los nazis no empezó tras el asesinato de Röhm: los nazis fueron siempre, incluso desde antes de llegar al poder, extremadamente homófobos.


  13. Por cierto, que el mensaje de Armel me ha hecho recordar un muy interesante comentario de Alberto Mira (en respuesta a una observación que le hice) de hace unos meses, aquí en DM: os recomiendo a todos/as su (re)lectura, vale la pena.

    Aquí el comentario de Alberto Mira


  14. Excelente carta nemo y muy bien documentada.

    Siempre que hablo con un homófobo (en persona y en foros de internet) le menciono que Torquemada no consiguió nada asesinando homosexuales (siguió habiendo homosexuales durante toda la historia de la Santa Inquisición), Hitler tampoco, Franco tampoco consiguió hacer desaparecer la homosexualidad con sus cárceles. Así que ya es hora de que obispos y derecha dejen de insultar y discriminar: no sirve para nada. Mejor buscar otro camino, el del respeto.

    Lo que me callo es que la jerarquía de cualquier religión y los conservadores de cualquier país en realidad necesitan enemigos para fingirse víctimas de ellos: l@s judíos, l@s homosexuales, l@s emigrantes… Y no olvidéis que el auge de la extrema derecha (sin complejos) llegará a España sin ninguna duda.

    Lo positivo es que la experiencia del derecho al matrimonio sin que se abran los infiernos quedará en los libros de historia. Quizás llegue un gobierno que lo haga desaparecer pero, como sucedió con el voto de la mujer, tarde o temprano volverá a surgir.


  15. Felicidades por tu columna, Nemo. Inmejorable. Se nota el trabajo que has hecho en la gran cantidad de información que nos aportas.

    Respecto al mensaje enviado por Marcos, que dijo ayer que “seguro que más de una vez habéis leído a una maryfascista decir eso de que los nazis eran socialistas�, me gustaría añadir algún comentario.

    Sí, efectivamente, a la caverna le gusta hacer este tipo de afirmaciones obviamente falsas pero que, dichas de manera vehemente, pueden llegar a convencer a la gente simple o a la gente no tan simple pero muy amargada y rencorosa.

    El partido de Hitler se llamaba NSDAP, que significa Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei). Y de ahí derivan que Hitler era “socialista�.

    Pero en realidad, lo que perseguía Hitler al ponerle ese nombre a su partido era atraer el voto de la gran masa del pueblo alemán, la de trabajadores, muchos de ellos en situaciones de paro y extrema pobreza, atraídos por su discurso populista.

    El verdadero carácter del partido nazi se demuestra en las gentes que llevaron a Hitler al poder, al hacerlo Canciller: el partido conservador DNVP (Deutschnationale Volkspartei o Partido Popular Nacional Alemán), que formó coalición con el NSDAP, el político católico y aristócrata Franz von Papen e importantes líderes empresariales y financieros. Pura izquierda, vamos.


  16. Nemo, nuevamente nos iluminas con otro artículo sobre uno de los más oscuros momentos de la humanidad (y te reitero mi enhorabuena) referida principalmente a nuestras circunstancias; no estaría mal que escritos como este pudieran llegar a la locutora de impronunciable apellido para que hiciera un “estudio empírico del tratamiento de la homosexualidad a través de los siglos” de la mano de su admirado doctor polaino para que pudieran conseguir lo que otros no han hecho: quedar en el más absoluto de los ridículos imaginables.

    Con referencia al tratamiento de la cuestión homosexual en regímenes totalitarios, apenas he podido leer algunas líneas sueltas en diversos libros (entre ellos “Archipiélago Gulag”) referentes al confinamiento de homosexuales en la URSS (recuerdo especialmente una de las torturas utilizadas para obtener confesiones llamada “el hierro secreto” que consistía en introducir por el recto una baqueta calentada al rojo vivo…; no necesariamente, según su testimonio, tenía que ser un reo de “crimen social”, con lo cual podemos imaginar las palizas, violaciones, vejaciones y humillaciones de todo tipo al que la población reclusa homosexual era sometida); pero no es difícil aventurar el trato inhumano que se dió y aún, por desgracia, debe darse, en todos los campos de trabajo aparecidos a la sombra de la revolución cultural de Mao, los inhumanos campos Camboyanos, los castristas y los de todos aquellos países que, después de la II guerra mundial llevaron a cabo sus revoluciones proletarias o neofascistas alrededor del globo, sin olvidarnos de nuestros campos patrios abonados por ese general gallego que tanto nos duró. Bien es cierto que los campos nazis sobresalieron por su extrema crueldad y su impío exterminio sistemático, pero lo que todavía nos queda por descubrir, a menor escala pero de igual crudeza, pone los pelos de punta. Para que luego, encima, tengan que venir radiopredicadores a contarnos la “maldad” de la homosexualidad…


  17. Para continuar con mi comentario anterior, me gustaría añadir que a diferencia de los partidos o coaliciones de izquierda, que casi siempre son explícitos en su denominación (partido socialista, partido socialdemócrata, izquierda unida), los partidos de derecha suelen poner nombres más complejos y rebuscados para atraer no sólo a su público natural, sino también a los trabajadores y gentes de clase media-baja.

    Los más honestos son los británicos, que sin subterfugios, lo llaman “Conservative party�.

    A continuación vienen los alemanes que se llaman CDU (Christlich Demokratische Union Deutschlands, cristiano-demócratas) y CSU (Christlich-Soziale Union in Bayern, social-cristianos). Como mínimo ya te dicen de qué van, puesto que si son “cristianos�, normalmente es que son conservadores.

    En Polonia son más expeditivos. Partido Justicia y Ley. Nombres rotundos que dan a entender que el orden prima por encima de todo.

    Luego están los que buscan nombres populistas, para atraer al pueblo, como en España, con el Partido Popular, o en Francia, con la UMP (Union pour un Mouvement Populaire) de Sarkozy.

    En países donde la cosa está muy escorada a la izquierda, como en Portugal, los de derechas se llaman socialdemócratas.

    Después están los nombres insípidos, sin connotación alguna, como Convergencia Democràtica de Catalunya.

    Por último están los de connotaciones nacionalistas, como Rusia Unida de Putin, que a veces llegan a ser delirantes y patéticos como Forza Italia de Berlusconi.


  18. Gracias a vosotros, Dr. Turbio, felivet y Carlos.

    Dr. Turbio: efectivamente, creando y avivando en la mayoría social el odio y el miedo hacia una(s) minoría(s) determinada(s), es mucho más fácil convertir a esta mayoría en “masa” maleable: en un simple títere en manos del poder. Eso lo han sabido perfectamente los tiranos homófobos (y normalmente, también judeófobos) de todos los tiempos, desde Justiniano hasta Hitler. Los aspirantes a tiranos del mañana tienen también esa lección bien aprendida, no lo dudemos (y no los minusvaloremos).


  19. Carlos: si escritos como éstos llegaran a “la locutora de impronunciable apellido” o a cualquiera de sus correligionarios homófobos, o bien los tirarían a la papelera directamente o bien les darían la vuelta para presentarse a sí mismos como las víctimas (víctimas del “victimismo” que nos atribuyen, de “la dictadura progre de lo políticamente correcto”, de la “catolicofobia” y “la Inquisición rosa”, y demás sandeces por el estilo). Su cinismo, apoyado en esa imagen que tienen y cultivan socialmente de ser -por el mero hecho de ser religiosos y de derechas de toda la vida- “gente de bien, de orden y de moral”, conoce pocos límites.


  20. No deja de ser paradójico, Nemo, que nosotros continuemos siendo las víctimas y ellos nos consideren sus “verdugos”. Si en el fondo lo más triste de todo es que muchos de sus oyentes, por el mero hecho de oírles decir que tal o cual han escrito este o aquel libro y dice esto o aquello, en lugar de preguntarse si realmente son libros que traten la realidad de forma parcial o sesgada, o simplemente de preocuparse en contrastar la información que interesadamente les es facilitada, lo tomen como poco menos que la biblia; por otra parte, eso mismo sería un arma de doble filo porque ¿cuántas veces la propia iglesia toma lo que le apetece del sacro libro y se olvida o pasa olímpicamente de preceptos básicos del nuevo testamento? Eso es lo más triste, que alguien pueda tomar las aseveraciones de la tía esta con apellido de estornudo o del seboso de cesarito como si fuera la palabra de dios (del suyo, claro). Teniendo esto presente, no es de extrañar que la telebasura prolifere y campe por sus respetos por todas las cadenas ¡incluso hasta tienen algún que otro fan(farrón) por aquí metido. ¿Qué triste verdad?


  21. No sabes lo importantes que son estos artículos Nemo, hay mucha gente que desconoce estas cosas. Ojalá hicieran reflexionar a mas de un@.


  22. felivet, abundando en el tema de las denominaciones de partidos políticos es también curioso que hay algunos (neo-)fascistas que se autodenominan “liberales”, un ejemplo es el Partido Liberal de Haider en Austria.


  23. Muchas gracias, nigra: creo que el recuerdo de este episodio tan terrible de nuestra historia relativamente reciente (todavía hoy siguen vivos algunos de los supervivientes del triángulo rosa) debe hacernos reflexionar a todos/as. La barbarie nazi ha hecho imposible que nadie pueda usar en nuestros días de modo casual, como si tal cosa, expresiones como “solución final al problema judío”. Quien las usa sabe que se delata ante la sociedad como un racista y un antisemita, enemigo de la democracia y de los derechos humanos. ¿No es hora ya de que nuestra sociedad tome conciencia de que ciertas expresiones referidas a las personas homosexuales, tales como “curar la homosexualidad” o “proteger a los jóvenes de la homosexualidad”, tienen también un trasfondo histórico abominable, que también están manchadas con la sangre de las víctimas inocentes del fanatismo homófobo de los nazis?


  24. Felivet, en relación con tu primer comentario, quería señalar que la ideología nazi no surge de la nada: en realidad, el nazismo fue una versión particularmente radical de un combinado ideológico que se fue formando y extendiendo en las últimas décadas del siglo XIX y primeras del XX en amplias capas de la sociedad alemana y europea, definidas en general por su carácter reaccionario (esto es, opuesto al liberalismo y a la democracia) y (ultra)conservador.

    Dicho “combinado ideológico” incluía los siguientes elementos: el nacionalismo extremo; la exaltación del poder del Estado más allá de todo límite; el antiparlamentarismo; el antiindividualismo; el antiigualitarismo; el antiracionalismo y antiintelectualismo; la negación de la existencia de unos derechos humanos universales e inalienables; la exaltación de la violencia y la guerra como “forja de hombres y naciones” y manera “natural” de resolver los conflictos; el imperialismo; el racismo y antisemitismo; y, por supuesto, el machismo y la homofobia.

    Aunque algunos de estos elementos eran compartidos también por la extrema izquierda, la combinación de todos estos factores era característica, como digo, de la derecha (más) reaccionaria. La revolución bolchevique de 1917 y el intento de reproducirla en Europa central tras la Primera Guerra Mundial facilitaron la radicalización de los sectores sociales que se identificaban con estas ideas, y en cierto modo puede decirse que el nazismo se forjó en la lucha contra la (finalmente fracasada) revolución comunista bávara de 1919.


  25. Nemo, leyendo tu exposición y los comentarios a la misma. Deja que introduzca una nota poética que no discursiva. En 1930 durante su archirfamosa visita a Nueva York, Lorca escribe este poema estremecedor sobre un cementerio judío que parece una profecía sobre el terrible Holacausto esa faceta permonitoria que él poseía y que cada vez que lees su obra no deja de maravillarnos.La imagen de los judíos confrontada a la sensibilidad de un homosexual universal, como antes lo había sido la de los gitanos y la de los negros.

    Que cada uno llegue a sus propias conclusiones:

    CEMENTERIO JUDÃ?O

    Las alegres fiebres huyeron a las maromas de los barcos
    y el judío empujó la verja con el pudor helado del interior de la lechuga.

    Los niños de Cristo dormían,
    y el agua era una paloma,
    y la madera era una garza,
    y el plomo era un colibrí,
    y aun las vivas prisiones de fuego
    estaban consoladas por el salto de la langosta.

    Los niños de Cristo bogaban y los judíos llenaban los muros
    con un solo corazón de paloma
    por el que todos querían escapar.
    Las niñas de Cristo cantaban y las judías miraban la muerte
    con un solo ojo de faisán,
    vidriado por la angustia de un millón de paisajes.

    Los médicos ponen en el níquel sus tijeras y guantes de goma
    cuando los cadáveres sienten en los pies
    la terrible claridad de otra luna enterrada.
    Pequeños dolores ilesos se acercan a los hospitales
    y los muertos se van quitando un traje de sangre cada día.

    Las arquitecturas de escarcha,
    las liras y gemidos que se escapan de las hojas diminutas
    en otoño, mojando las últimas vertientes,
    se apagaban en el negro de los sombreros de copa.

    La hierba celeste y sola de la que huye con miedo el rocío
    y las blancas entradas de mármol que conducen al aire duro
    mostraban su silencio roto por las huellas dormidas de los zapatos.

    El judío empujó la verja;
    pero el judío no era un puerto.
    y las barcas de nieve se agolparon
    por las escalerillas de su corazón:
    las barcas de nieve que acechan
    un hombre de agua que las ahogue,
    las barcas de los cementerios
    que a veces dejan ciegos a los visitantes.

    Los niños de Cristo dormían
    y el judío ocupó su litera.
    Tres mil judíos lloraban en el espanto de las galerías
    porque reunían entre todos con esfuerzo media paloma,
    porque uno tenía la rueda de un reloj
    y otro un botín con orugas parlantes
    y otro una lluvia nocturna cargada de cadenas
    y otro la uña de un ruiseñor que estaba vivo;
    y porque la media paloma gemía,
    derramando una sangre que no era la suya.

    Las alegres fiebres bailaban por las cúpulas humedecidas
    y la luna copiaba en su mármol
    nombres viejos y cintas ajadas.
    Llegó la gente que come por detrás de las yertas columnas
    y los asnos de blancos dientes,
    con los especialistas de las articulaciones.
    Verdes girasoles temblaban
    por los páramos del crepúsculo
    y todo el cementerio era una queja
    de bocas de cartón y trapo seco.
    Ya los niños de Cristo se dormían
    cuando el judío, apretando los ojos,
    se cortó las manos en silencio
    al escuchar los primeros gemidos.

    New York, 18 de enero de 1930.


  26. “Los niños de Cristo dormían
    y el judío ocupó su litera.
    Tres mil judíos lloraban en el espanto de las galerías
    porque reunían entre todos con esfuerzo media paloma,
    (…)
    y (…) la media paloma gemía,
    derramando una sangre que no era la suya.

    (…)
    Ya los niños de Cristo se dormían
    cuando el judío, apretando los ojos,
    se cortó las manos en silencio
    al escuchar los primeros gemidos.”

    Tienes razón, Oveja: es estremecedor. Y lo es más aún si lo relacionamos con lo que había de suceder (a los judíos, a los homosexuales, al propio poeta, a muchas más víctimas inocentes) en los años venideros. No creo que Lorca fuese capaz de ver el futuro; en cambio, yo diría que sí era capaz de ver el presente -y el pasado- de un modo poco común, con una honda y dolorida clarividencia. Y quien ve el presente así percibe mejor que la mayoría las simientes del mañana que se alojan en el hoy, sea o no consciente del significado de lo que está viendo.


  27. hola:quisiera saber y ver fotografias sobre los experimentos de los nasis mesclando genes de monos y genes humanos
    gracias
    atte. fgj


  28. La gente flipa o se pincha colacao.


  29. Ave: ¿pincharse colacao?…
    Jajajajajajaja. Ufffff… :-D











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