Holocausto/s (1)

h1 Escrito el 14-11-2007 por dosmanzanas

La columna de dosmanzanasExpulsados de Inglaterra en 1290, los jud√≠os pudieron regresar a ella a partir de 1656, cuando Oliver Cromwell, que necesitaba su ayuda financiera, se lo permiti√≥ de manera oficiosa. Su emancipaci√≥n, sin embargo, tardar√≠a a√ļn un par de siglos en llegar, y suele situarse entre los a√Īos 1858 y 1890. En esta √ļltima fecha viv√≠an en Inglaterra unos 50.000 jud√≠os, y gozaban ya de los mismos derechos que cualquier otro s√ļbdito de la reina Victoria. No sabemos, por otra parte, cu√°ntos homosexuales habr√≠a en Inglaterra en ese mismo a√Īo, pero teniendo en cuenta que el pa√≠s ten√≠a m√°s de 27 millones de habitantes, podemos conjeturar ‚Äďaplicando los porcentajes al uso, incluso en las estimaciones m√°s conservadoras‚Äď que deb√≠an de ser bastantes m√°s que los jud√≠os. Sin embargo, mientras que √©stos √ļltimos incluso formaban parte del Parlamento sin ocultar en absoluto su condici√≥n (de hecho, jam√°s han faltado los jud√≠os en el Parlamento brit√°nico dese 1858 hasta hoy), los ingleses homosexuales eran en cambio casi completamente invisibles.

Y ello no puede extra√Īarnos, si tenemos en cuenta que la sodom√≠a (o ‚Äúbuggery”) estaba penada con la muerte en Inglaterra hasta 1861 (y con la cadena perpetua despu√©s), y que tras la ‚Äúenmienda Labouchere” de 1885, pr√°cticamente cualquier clase de comportamiento homosexual entre hombres pod√≠a recibir el castigo de dos a√Īos de prisi√≥n, posiblemente con trabajos forzados. ‚ÄúSalir del armario” en la Inglaterra victoriana equival√≠a, pues, a entrar en la c√°rcel. En 1895, fue precisamente eso lo que le ocurri√≥ a uno de los m√°s brillantes intelectuales de la √©poca, el escritor Oscar Wilde, cuando su exitosa carrera y hasta su vida se vieron brutalmente truncadas al hacerse p√ļblica su homosexualidad en un monumental esc√°ndalo. D√©cadas m√°s tarde, en 1952, lo mismo le suceder√≠a al eminente cient√≠fico Alan Turing. Tras estos dos casos c√©lebres se ocultan las historias mucho menos conocidas ‚Äďaunque algunas de ellas resulten tanto o m√°s tr√°gicas que las de Wilde y Turing‚Äď de miles de hombres perseguidos judicialmente durante d√©cadas en aplicaci√≥n de las leyes inglesas contra la homosexualidad. Leyes que siguieron plenamente en vigor hasta 1967, y parcialmente incluso despu√©s de esa fecha.

No hay duda, pues, de que el trato que las minorías judía y homosexual recibieron en Inglaterra durante la era victoriana y las décadas posteriores fue muy distinto. Mientras que la primera comunidad, definida por sus tradiciones religiosas, se beneficiaba de un clima de creciente tolerancia en materia de libertad de credo, la segunda, definida por la sexualidad de sus miembros, no lograba encontrar comprensión alguna en una sociedad que se caracterizaba por su extrema mojigatería en todo lo relacionado con el sexo. Ello nos hace ver que, aunque las historias de la homofobia y la judeofobia en Occidente sigan en general trayectorias paralelas y las coincidencias entre ambas (en cuanto a su origen, su cronología y sus mecanismos) sean muy numerosas, tampoco han faltado en absoluto los tiempos y lugares en los que dichas trayectorias se han distanciado notablemente. La Alemania posnazi es otro de esos tiempos y lugares.

Cuando, en 1944 y 1945, las tropas de las potencias aliadas contra Hitler tomaron el control de los campos de concentraci√≥n del Tercer Reich, inmediatamente pusieron en libertad, como era de esperar, a quienes estaban encerrados en ellos como prisioneros de guerra o v√≠ctimas inocentes del nazismo: as√≠ pues, aquellos jud√≠os, gitanos, polacos (y otros eslavos), personas discapacitadas, testigos de Jehov√° y prisioneros pol√≠ticos que hab√≠an logrado sobrevivir recuperaron enseguida plenamente su libertad y sus derechos. Por el contrario, aquellos prisioneros a quienes los nazis hab√≠an cosido en su uniforme un tri√°ngulo rosa, es decir, los condenados por homosexualidad, no fueron considerados por los aliados como v√≠ctimas inocentes, sino como simples delincuentes comunes. De ah√≠ que a los presos por el ‚Äúcrimen” de tener y vivir una sexualidad diferente a la de la mayor√≠a se les sacase de los campos de concentraci√≥n tan s√≥lo para trasladarlos a prisiones ordinarias‚Ķ y que cumpliesen all√≠, hasta el √ļltimo d√≠a, su condena; la condena a que hab√≠an sido sentenciados por jueces al servicio del nacionalsocialismo en aplicaci√≥n de las leyes de dicho r√©gimen. Ni siquiera les fue descontado el tiempo que hab√≠an pasado internados en unos campos de concentraci√≥n de los cuales era casi milagroso que hubiesen logrado salir con vida.

Es m√°s, la ley nazi que reprim√≠a la homosexualidad (el p√°rrafo 175 del C√≥digo penal del Reich de 1871, con las modificaciones realizadas por orden de Hitler en 1935 para endurecerlo considerablemente) fue mantenida en la Alemania occidental, sin cambiar una sola coma, hasta 1969 (y s√≥lo fue totalmente derogada en 1994). La aplicaci√≥n de esta norma fue, adem√°s, severa, y decenas de miles de hombres homosexuales fueron enviados a la c√°rcel por su causa entre 1945 y 1969. Los acusados de haber cometido actos homosexuales (‚Äúactos” que, tras la reforma de la ley por parte del r√©gimen nazi, ni siquiera ten√≠an por qu√© incluir ‚Äúcontacto f√≠sico”) sol√≠an perder sus trabajos, y algunos de ellos se suicidaron: tan s√≥lo en Fr√°ncfort en 1950 y 1951 hubo seis suicidios de este tipo. En la Alemania del Este ‚Äďa pesar de su naturaleza dictatorial‚Äď fueron, en este aspecto, por delante de sus vecinos occidentales: en 1950 se volvi√≥ a la redacci√≥n del p√°rrafo 175 de la √©poca prenazi, y a finales de los a√Īos 50 se consider√≥ que la homosexualidad no representaba peligro alguno para la sociedad socialista y se la dej√≥ de perseguir legalmente (aunque el p√°rrafo 175 no fue formalmente abolido hasta 1968).

Para entender la sorprendente e indignante situaci√≥n de los homosexuales en la Alemania posnazi creo que hay que tener en cuenta dos factores. En primer lugar, el hecho de que las potencias aliadas vencedoras de la Segunda Guerra Mundial (los Estados Unidos, el Reino Unido y la Uni√≥n Sovi√©tica) eran pa√≠ses que persegu√≠an legalmente la homosexualidad en su propio territorio, con lo cual hubiera parecido incoherente que considerasen como injustas las leyes nazis que hac√≠an lo mismo. En segundo lugar, que los prejuicios homof√≥bicos ancestrales segu√≠an plenamente instalados en la sociedad alemana tras la ca√≠da del nazismo: incluso en 1957 el Tribunal Constitucional de la Rep√ļblica Federal Alemana fall√≥ en contra de que se declarase nulo el p√°rrafo 175 en su redacci√≥n hitleriana, por considerar no s√≥lo que √©ste hab√≠a sido promulgado ‚Äúen debida forma” y no presentaba una contaminaci√≥n tal del derecho nacionalsocialista que lo hiciese incompatible con una democracia liberal, sino tambi√©n que dicha norma se fundamentaba en una ‚Äúley moral” (‚ÄúSittengesetz”) que el alto tribunal de la RFA consideraba a√ļn en vigor, puesto que ‚Äúlas dos grandes confesiones cristianas [la cat√≥lica y la protestante], de cuyas ense√Īanzas gran parte del pueblo toma los criterios que regulan su comportamiento moral, condenan la impudicia (‚ÄėUnzucht‚Äô) homosexual como inmoral.”

Era una forma de decir que los prejuicios homof√≥bicos m√°s tradicionales y arraigados, esto es, los derivados del plurisecular discurso cristiano, continuaban determinando la actitud respecto de la homosexualidad tanto de la mayor√≠a de la poblaci√≥n como de las propias instituciones de la RFA todav√≠a entonces, a finales de los a√Īos 50 del siglo pasado. Y lo mismo podr√≠a decirse de otras naciones occidentales, como Inglaterra. Todo ello en una √©poca en la cual el discurso judeof√≥bico ‚Äďderivado como hemos dicho de las mismas fuentes que el homof√≥bico, y con una historia muy similar a la de √©ste‚Äď era ya generalmente considerado en todo Occidente como inadmisible e incompatible con los valores en los que se sustenta nuestra democracia.

Nemo

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25 comentarios en “Holocausto/s (1)”

  1. Como se hace notar en el texto que a continuación copio, proveniente de un libro de la Biblioteca online de COGAM, la heterosexualidad dominante no ha tenido reparo alguno en reconocer que ha usado las más dispares estrategias con el fin de reprimirnos lo más eficazmente de que era capaz.

    Hoy d√≠a, en mi opini√≥n, sigue siendo as√≠, s√≥lo que mediante sutilezas propias de “democracias avanzadas”… No por “dejarnos” que nos casemos, han dejado de reprimirnos y de seguir ejerciendo su supremac√≠a heterosexista.

    El problema del homosexualismo y otros estudios sexuales. Alfred Adler (1936)

    1. LA PERVERSI√ďN COMO EXPRESI√ďN SEXUAL DE LA ¬ęDIRECTRIZ DE LA VIDA¬Ľ (Nota 5)

    El problema del homosexualismo se le antoja a la sociedad un l√≠vido espectro, un espantap√°jaros horrendo, A pesar de todas sus condenas, el n√ļmero de los individuos perversos parece m√°s bien aumentar, y tanto la proscripci√≥n religiosa como la persecuci√≥n judicial no logran sino muy modestos resultados. La homosexualidad se propaga en los distritos rurales de igual modo que en las grandes metr√≥polis, y ni√Īos, adultos, ancianos, y tanto hombres como mujeres, sufren tama√Īa epidemia.

    El problema preocupa al pedagogo, al sociólogo, al neuropsiquíatra y al hombre de leyes. Todos los medios están en continuo empleo para contener el mal, y, sin embargo, apenas si obtienen un resultado digno de mención. Los castigos más severos, la compasión más benévola, la actitud más conciliadora, y hasta el silencio, todo ello no parece conseguir resultado ni ejercer influencia alguna contra la propagación de esa anomalía.
    No faltan, por cierto, tampoco apólogos del mal. Ya el mero hecho de que existan tantos y tan diferentes puntos de vista, y una verdadera legión de teorías y criterios, nos demuestra claramente cuan potente es la impresión producida por el solo hecho indudable dé que amplios sectores de la humanidad se muestran infieles a su papel
    sexual y emprenden otros y muy hollados caminos.


  2. luego de leer el post quedo con una sensaci√≥n de antisemitismo. esas comparaciones entre homosexuales y jud√≠os dan lugar a que mucha gente inculta y poco inteligente apoye ideas antisemitas en vez de pensar que los jud√≠os han sido perseguidos durante miles de a√Īos, al igual que los homosexuales.


  3. Excelente continuación Nemo.
    Muy muy bueno, s√≠ se√Īor.

    En cuanto al “antisemitismo actual” del que habla Chup…En algunos casos no viene dado tanto por la comparaci√≥n de lo que cuenta Nemo como por la imagen de un ej√©rcito israel√≠, armado hasta los dientes con el armamento m√°s moderno fabricado en los EUA, matando salvajemente a ni√Īos palestinos que defienden sus casas y sus vidas…con piedras.

    Los jud√≠os sufrieron much√≠simo desde la Inquisici√≥n hasta el nazismo. Es cierto y fue algo totalmente injustificable. Como tampoco puede justificarse que ahora pasen a ser verdugos sanguinarios aludiendo a “aquellos sufrimientos pret√©ritos” para quedar impunes…


  4. Nemo, como de costumbre, sublime con tus ilustraciones históricas del odio. Siendo todo el contenido deplorable y macabro, hay una parte que me pone los pelos de punta: sacar a la gente de un campo de concentración para meterla en una cárcel. Desgraciadamente, aunque no necesariamente fueran homosexuales pero también los hubiera, todos aquellos soviéticos capturados por los alemanes, civiles o militares, que fueron internados en los campos de exterminio, a poco de ser liberados por las tropas soviéticas eran enviados sistemáticamente a los campos de trabajo del gulag (Siberia casi siempre), donde una parte de los que pudieron, milagrosamente, soportar el criminal cautiverio nazi, murió irremisiblemente de hambre, frío o enfermedades, cuando no fueron torturas o simples represalias por levantamientos en los campos, con especial incidencia hacia 1950.

    Por fortuna, hoy en día en Europa ya no nos meten en un campo de concentración o exterminio, aunque lo más parecido que podemos encontrar a eso serían los países islámicos más radicales como Arabia Saudita, Irán y algunos más que se apoyan en ese absurdo e inhumano fundamentalismo, no ya sólo con los homosexuales, sino con la mujer en general y cualquier persona que no siga a rajatabla los preceptos morales que tan siniestramente han hilvanado con su particular interpretación coránica. ¡Qué pena de humanidad!


  5. Creo que es un error confundir antisemitismo con antisionismo,como germanofobia y antifascismo.
    En cualquier caso, yo lo veo al revés,Chups, mientras que los judíos y otras minorías han alcanzado una dignidad y respeto sociales plenos. Los homosexuales todavía no lo hemos logrado siendo nuestro sufrimiento igual o mayor a lo largo de la historia. Comentaré unas palabras que un día me profirió un judío antisionista en Norteamérica:
    “-Si el estado de Israel, no tiene leyes discriminatorias del todo represivas contra los homosexuales, no es por falta de verdaderas gana, sino porque el pa√≠s le debe much√≠simo a una √©lite de intelectuales que son mayoritariamente homosexuales y est√°n dispersos en todo el mundo”
    En fin, siempre somos los √ļltimos de la fila. El holocausto rosa todav√≠a no tiene su propia historia siempre aparece rese√Īado de forma colateral. As√≠ recuerdo como Montserrat Roig en su relevante libro: “Els catalans als camps nazis” (1977), cita, por parte de los deportados catalanes, la existencia por dejar constancia que los homosexuales que ah√≠ estabn internados tambi√©n.A partir de ese momento, inici√© mis pesquisas hasta hoy.
    Gracias, Nemo por remover las entra√Īas del olvido.
    Hay un nombre que a ning√ļn homomosexual de bien se le deber√≠a olvidar:Carl Vaernet, me da asco hasta escribirlo..

    http://es.wikipedia.org/wiki/Carl_V%C3%A6rnet


  6. Lo que hicieron los aliados con los homosexuales de los campos de concentración nazis es uno de esos episodios vergonzosos de la posguerra que hay que sacar a la luz. Felicidades Nemo por tu artículo, uno que se suma muy dignamente a los anteriores.


  7. Interesantísimo enlace, Oveja.
    Sólo conocía el nombre y poco más.
    Aunque lo peor no es sólo lo que hizo sino todo el proceso posterior al final de La Guerra. Absolutamente vergonzoso.


  8. Oveja, no conoc√≠a a este tipejo. Pero coincido con Lobogrino: a√ļn fueron peores quienes financiaron sus experimentos, quienes le ampararon al final de la guerra, quienes le dejaron escapar, quienes no hicieron nada por capturarlo.
    Gracias a ti y a Nemo por recordarnos una parte de la historia que permanece oculta, incluso para gran parte de los homosexuales.


  9. Todavía me acuerdo en mi visita al campo de Auswitch, cuando la guía, bajo un monumento lleno de flores y una bander arco iris dijo que allí habían muerto judios, gitanos, polacos, comunistas y otros presos. Que casualidad no omitir a los gays. Claro que quienes estábamos en frente éramos gays y lesbianas de todo Europa.

    Una vez llegué a oír de un alto dirigente israelí que los colectivos gays acallaran sus protestas porque el holocausto era cosa de ellas.

    Yo no soy antisemita, sólo exijo que se sepa TODA la verdad


  10. Muchas gracias a todos por vuestras palabras. La columna de hoy es la primera de una serie de tres dedicadas a explorar las similitudes y diferencias de la experiencia de homosexuales y jud√≠os en la Alemania nazi y posnazi (hasta el d√≠a de hoy), haciendo especial √©nfasis en la historia de las personas homosexuales en este contexto, que sin duda es mucho menos conocida que la de las personas jud√≠as… incluso por parte de nosotros mismos, es decir, de los gays y las lesbianas.


  11. Es curioso c√≥mo se entremezclan ambas fobias en distintos momentos hist√≥ricos. Ten√©is que estar disfrutando mucho al estudiarlo, pese a lo terrible de los acontecimientos. El art√≠culo de la Wikipedia me ha parecido interesante tambi√©n; empieza con esta frase, que ya da ganas de leer el resto: “Before the beginning of World War II, the homosexual people in Germany, especially in Berlin, enjoyed more freedom and acceptance than anywhere else in the world.”


  12. Javi: es muy interesante el texto que reproduces en tu comentario. Su autor, el austriaco Alfred Adler, es considerado como uno de los padres del psicoan√°lisis. Su pensamiento, tal como lo presenta en el fragmento que citas, reproduce los prejuicios sobre la homosexualidad que eran corrientes en Europa y Occidente en los a√Īos 30 del siglo pasado, seg√ļn los cuales la homosexualidad era una inmoralidad y una enfermedad mental; dichos prejuicios estaban tan arraigados en las sociedades occidentales despu√©s de siglos de homofobia institucionalizada y oficial que a la mayor√≠a de los que teorizaban en la √©poca sobre cuestiones m√©dicas, psicol√≥gicas o biol√≥gicas no se les ocurr√≠a ponerlos en cuesti√≥n.

    Adler no fue pues, al menos en principio, ninguna excepci√≥n a esta regla; pero es interesante se√Īalar que hacia el final de su vida mostr√≥ una interesante evoluci√≥n en su visi√≥n de la homosexualidad. Elizabeth H. McDowell, una trabajadora social de estado de Nueva York, cuenta que en cierta ocasi√≥n estudi√≥ con Adler el caso de un joven que “estaba viviendo en pecado” (el lenguaje de la religi√≥n, como la moralidad convencional inspirada en √©sta, se filtra constantemente en esta √©poca en textos que supuestamente deber√≠an revestir un car√°cter m√°s laico) con un hombre mayor que √©l en la ciudad neoyorquina. Adler, recuerda Elizabeth, le pregunt√≥: “¬ŅUsted dir√≠a que el chico es feliz?” “Oh, s√≠”, le constest√≥ la mujer. Entonces Adler repuso: “Bueno, ¬Ņy por qu√© no lo dejamos en paz?” Tras meditarlo, Elizabeth lleg√≥ a la conclusi√≥n de que este comentario conten√≠a “una profunda sabidur√≠a”; por desgracia, la mayor√≠a de los psiquiatras y psicoanalistas tardar√≠an a√ļn unas d√©cadas en llegar a la misma conclusi√≥n.


  13. Chup: como bien dices, los jud√≠os han sido perseguidos durante muchos siglos, al igual que los homosexuales… y, me permito a√Īadir, a menudo unos y otros has sido v√≠ctimas de la misma gente y las mismas instituciones, que se inspiraban para ello en prejuicios muy similares. En mi columna de hoy hago referencia a este hecho al menos en dos ocasiones; y en la de la semana pasada y la de la anterior lo desarrollo de modo mucho m√°s extenso. Imagino que no debes de haber le√≠do estas dos columnas (que llevaban el t√≠tulo de “Las ra√≠ces del odio”). Si deseas hacerlo, puedes pinchar en este enlace para la primera parte…


  14. y en este otro para la segunda. Conf√≠o en que la lectura de estos textos te despeje cualquier duda que puedas albergar sobre si mis columnas pretenden transmitir o no sensaci√≥n alguna de “antisemitismo” (obviamente, no lo pretenden; m√°s bien todo lo contrario: apuestan por el pleno respeto hacia todas las minor√≠as, por la valoraci√≥n positiva de la diversidad humana en todas sus manifestaciones y por la convivencia de todos y todas en paz y en libertad).


  15. Muy interesante. Siempre nos sorprendes Nemo, tenemos suerte de poder leer tus art√≠culos. Yo no ten√≠a ni idea de que esto hab√≠a sido as√≠, a partir de hoy tengo m√°s argumentos para defenderme y sobre todo una idea muy distinta de ciertos pa√≠ses que suelen ir de “modernos” (dejando claro que me repugna la uni√≥n que se hace de homosexualidad-modernidad). Pod√≠a animarse Steven Spielberg y hacer una segunda parte de La Lista de Schindler pero cont√°ndolo todo.. que a mucha gente se le caer√≠a la cara de verguenza.


  16. Gracias nemo! muchos homosexuales liberados de los campos de exterminio fueron encarcelados durante la democracia Alemana utilizando el mismo el artículo 175 que endureció Hitler.
    Es tremendo!


  17. ¬°Buaaa, Nemo, hasta mi admirado Erich Fromm no lleg√≥ a liberarse de los prejuicios de su √©poca, y eso que vivi√≥ hasta los a√Īos 70!

    Le pasó lo mismo, en ese sentido, que lo que achacaba a Freud; es decir, teorizó para justificar un juicio que no era suyo, sino que le venía dado: no lo sometió a crítica racional desprejuiciada, como sí hizo en otros casos.


  18. Un bonita y trágica película que ilustra el tema es BEnt, basada en un obra de teatro del mismo nombre. No me acuerdo del director, pero os la recomiendo; hay varios momentos escalofriantes que reflejan las torturas que vivieron los gays en los campos de concentración.


  19. Gracias a vosotros, nigra y Rub√©n. Creo que, en efecto, es importante que recordemos las injusticias tan tremendas que han cometido contra las personas homosexuales no s√≥lo los totalitarismos, sino tambi√©n las democracias occidentales. Ello nos ayudar√° a ser m√°s conscientes, por un lado, de lo mucho que hemos avanzado en las √ļltimas tres o cuatro d√©cadas, y tambi√©n, por otro, de lo dif√≠cil que lo hemos tenido y lo seguimos teniendo para progresar en el reconocimiento social de nuestros derechos y nuestra dignidad, cuando no s√≥lo la inercia, sino tambi√©n fuerzas sociales que hoy siguen siendo muy poderosas se oponen a todo progreso en este sentido.


  20. Pues s√≠, Javi: si ya resulta duro de creer que todav√≠a en 1957 el Tribunal Constitucional de la Rep√ļblica Federal Alemana mantuviese en vigor la ley nazi para la represi√≥n de la homosexualidad bas√°ndose en los prejuicios homof√≥bicos, derivados de la tradici√≥n religiosa, de la mayor parte de la poblaci√≥n, m√°s desconcertante es a√ļn que personas que en general ten√≠an una mentalidad progresista y racionalista como Adler, Freud o Fromm fuesen incapaces de cuestionar esos mismos prejuicios en relaci√≥n con las personas homosexuales.

    Para explicarlo creo que hay que recurrir a una mezcla de inercia y conformismo inconscientes, de ignorancia de la realidad de las personas homosexuales y, probablemente, tambi√©n de un cierto “chauvinismo heterosexual” que les hac√≠a dif√≠cil aceptar a los gays y las lesbianas como sus iguales. Por otro lado, los casos de incoherencia de las figuras hist√≥ricas que en cada momento han sido vistas como progresistas son abundantes, en √©ste y en otros terrenos: v√©ase por ejemplo la actitud de Thomas Jefferson hacia los esclavos (y tambi√©n hacia los gays).


  21. Por cierto, que hablando de tribunales constitucionales, habr√° que ver por d√≥nde sale el de aqu√≠ en la cuesti√≥n del recurso del PP contra la igualdad de homo y heterosexuales en el acceso al matrimonio. Esperemos que no siga los pasos de su hom√≥logo alem√°n de los 50, anteponiendo los prejuicios derivados de la tradici√≥n religiosa al principio fundamental de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley… Aunque, visto lo visto, y como ya he dicho anteriormente en alg√ļn otro rinc√≥n de DM, me temo que no podemos descartar nada, por desgracia.


  22. Cuenta un poco m√°s ese caso, Nemo. Yo hab√≠a o√≠do del caso alem√°n contra la ley de uniones civiles, pero no sab√≠a que hubiera un antecedente de los a√Īos 50.


  23. Me referia, zarevitz, al caso que comento en la columna, cuando en 1957 el TC de la RFA juzg√≥ constitucional que se mantuviera en vigor el p√°rrafo 175 del C√≥digo penal (el que persegu√≠a la homosexualidad masculina) en su redacci√≥n de 1935, es decir, del Tercer Reich. No sirvi√≥ de nada el argumento de los demandantes de que la reforma nazi del p√°rrafo 175 se hab√≠a hecho en virtud de una ley de excepci√≥n (la llamada “Ley para remediar el infortunio del pueblo y el Estado”, aprobada tras el incendio del Reichstag) por la que se otorgaban al Gobierno de Hitler plenos poderes dictatoriales, lo cual puso fin, de hecho, al sistema democr√°tico de la Rep√ļblica de Weimar (que para entonces se hallaba ya muy degradado). Para los jueces del TC de la RFA, no s√≥lo no hab√≠a ning√ļn problema legal ni rastro alguno de ideolog√≠a nacionalsocialista en la versi√≥n hitleriana del p√°rrafo 175, sino que adem√°s √©sta respond√≠a a una “ley moral” basada en la tradici√≥n de las iglesias cirstianas y aceptada como tal por la mayor√≠a del pueblo alem√°n.


  24. Ah, perdona, pens√© que te refer√≠as a alg√ļn caso sobre uniones civiles o matrimonio. Un argumento penoso, por cierto.


  25. En efecto, zarevitz, el argumento del TC alem√°n del 57 era tan penoso y antiliberal que dudo de que hubiera “colado” si se hubiera referido a otro tema, a otro colectivo social. Pero estamos acostumbrados a ver que contra los gays y las lesbianas vale lo que no vale en ning√ļn otro caso…











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